Blanca nos comparte su experiencia en la formación de Yoguitos

Cuando una mujer se entera de que va a ser madre, creo que una de las primeras cosas que se le viene a la cabeza es lo que quiere transmitir a sus hijos. En mi caso, lo tuve claro; lo más valioso que podía dar a mis hijos era una buena gestión de sus emociones, una poderosa herramienta que podría ayudarles de cara a su vida adulta. Esto, junto con el yoga, que desde que comencé a practicarlo con 20 años pensé que debería impartirse en los colegios, hizo que se gestara un proyecto en mi cabeza, el cual me llevó hasta YOGUITOS.

Hoy en día, los niños tienen de todo, viven con prisa y están sobre estimulados, por lo que me parecía fundamental enseñarles a ‘pararse’, a observarse, a conocer sus emociones y con ello fomentar valores como la empatía y el respeto. Comentando esto con una amiga que vive en Barcelona, me habló de Yoguitos y me dijo que era lo que estaba buscando. Me puse en contacto con María, y me gustó lo que me contaba.

Así que junto con mi hermana, decidimos apostar por esta formación.
Íbamos con los nervios y las dudas normales de una formación desconocida y aunque nuestras impresiones eran buenas, nunca hubiéramos imaginado lo que allí nos esperaba. Desde el primer momento nos sentimos súper a gusto, con la sensación de haber acertado y desde luego nunca olvidaremos lo que allí vivimos.

La formación transcurre en un fin de semana, es intenso pero ¡tan divertido! El yoga para niños, se enseña a través del juego y qué mejor manera de impartir el curso que practicando, así que desde el primer momento, no paramos de jugar. Al principio, como es normal, todos estábamos un poco cortados, retraídos, en nuestro rol de persona adulta, pero a medida que iba transcurriendo el curso, nos fuimos quitando capas y dejamos salir el niño/a que llevamos dentro.

Para mí (y me atrevo a decir que para todos) fue como una terapia. Además de aprender mucho y de ser un curso muy completo, salimos como nuevas de allí.

Algo que me gustaría destacar también, es que, al ser tan intensivo, tantas horas jugando e interactuando, se crea un vínculo especial con los demás participantes. Además de una buena formación me llevé unos cuantos amigos de allí, pero de los buenos, de los que llegan al corazón.

Y ¡qué decir de María y Oliver! Una gran suerte tenerlos como formadores, se nota que aman lo que hacen, que lo llevan dentro, no enseñan, transmiten, porque cuando algo se hace con el corazón, se nota, y es la mejor manera de sembrar semillitas por el mundo.

La formación de Yoguitos, es algo que yo recomendaría tanto si lo buscas a nivel profesional, como a nivel personal, no es un curso más, es una experiencia que no te dejará indiferente.

 

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Blanca es madre de 2 niños, Leo y Martín (de 6 y 4 años), y como para cualquier madre, son el motor de su vida y los que le llevaron a gestar su proyecto, Happyoguis, el cual desarrollo actualmente junto con mi hermana María.
Viven en un pueblecito costero de Asturias, y desde allí intentan sembrar la semillita del yoga en los más pequeños, para ayudarles a gestionar correctamente sus emociones y proporcionarles esta poderosa herramienta de cara a su vida adulta y obtengan, entre otras cosas, una mayor resilencia.

¨Porque los problemas no se los vamos a poder evitar, pero si podemos ayudarles a que los sepan gestionar de la mejor manera posible.

Me gusta la tranquilidad y valoro cada día más las cosas pequeñas, y eso es lo que me gustaría transmitir a mis hijos, darles “alas” y buenos valores, y creo que el yoga es uno de los mejores regalos que puedo (podemos) ofrecerles, al igual que mi madre, en su día, hizo conmigo.”